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Cómo limpiar persianas

Cómo limpiar persianas

Con la llegada del buen tiempo, llega también el momento de hacer una puesta a punto de la casa. Después del invierno, es posible que las partes más expuestas, como las persianas y las ventanas, estén sucias debido a la acción de la lluvia y del viento. Así que, por mucha luz que entre a través de ellas, las habitaciones no lucirán como debieran. Las persianas sucias hacen que sea más difícil mantener limpias las ventanas, ya que el polvo se mueve y se adhiere a los cristales debido a su proximidad.

En algunas zonas, la contaminación es también un factor determinante y las cubre por una capa de polvo gris que, en el caso de las persianas de color blanco, les da una apariencia envejecida y negruzca. Además, este polvo puede terminar provocando problemas respiratorios o alérgicos en las personas que duermen en dichas habitaciones. Y no es sólo limpiar por mejorar la apariencia de las persianas. Si no se limpian durante un tiempo excesivamente prolongado, la suciedad y el polvo que se puede acumular en las guías y en el cajón donde se recoge la persiana, puede terminar estropeando el buen funcionamiento de la misma, ocasionando tirones y enganchones al subir y bajarla.

En función de la zona donde vivas, te costará más o menos conservar en buen estado las persianas de tu casa. También será importante el color de tus persianas ya que hay algunas que “esconden” más la suciedad que otras, por ejemplo, las grises. No obstante, salvando circunstancias de máxima exposición como zonas muy transitadas y con mucha circulación de vehículos, casas situadas en zonas rurales o sin asfaltar, etc., para mantener tus persianas en un estado óptimo es recomendable limpiarlas, como mínimo, entre una o dos veces al año.

En todo caso, te recomendamos que siguas estos consejos:

1. Material de limpieza. Antes de comenzar conviene que tengas a mano todos los materiales, utensilios y productos de limpieza que vas a necesitar. Para limpiar correctamente las lamas o el paño de las persianas de aluminio o de PVC que estén muy sucias puedes utilizar un estropajo o un cepillo de cerdas duras, ya que el polvo ha podido quedar bastante incrustado y costará más eliminar la suciedad. Si por el contrario, solo tienen uns fina capa de polvo, bastará con una esponja o gamuza suave.

Puedes utilizar un detergente jabonoso de cocina para la limpieza, si bien, no descartes el amoniaco, ya que es un producto excelente a la hora de acabar con manchas, como grasa (especialmente, en persianas situadas en cocinas). Si optas por el amoniaco diluido en agua, puedes mezclarlo con una gotita de jabón de vajilla de la cocina. Pero nunca mezcles el amoniaco con lejía o productos que contengan salfuman, ya que esa combinación produce gases muy tóxicos. Además, es conveniente que la zona donde lo vas a usar esté aireada, utilizar guantes de goma o látex para protegerte las manos e, incluso, una mascarilla para evitar la inhalación de los gases que emite.

Por último, no olvides un pequeño barreño o cubo para el agua, un paño de algodón o microfibra para secar las persianas y una escalera. De forma opcional, puedes usar una aspiradora o un vaporizador o pistola de limpieza a presión.

2. Limpieza del cajón de persiana: En primer lugar, abre la tapa del cajón donde se recoge la persiana. Si se trata de un cajón compacto de aluminio o de PVC, puedes utilizar un destornillador plano para abrir, con cuidado, una pequeña ranura en la tapa y, después, podrás abrirlo sin demasiada dificultad. Lo primero que tienes que haces es limpiar la suciedad que encuentres en su interior. Puedes utilizar una aspiradora, si hay mucho polvo, o emplear una bayeta empapada con agua y detergente para eliminar la suciedad, en caso contrario.

3. Lamas de persiana:Una vez que el cajón de la persiana está limpio, es el momento de empezar con las lamas. Comienza limpiando primero la cara exterior de la ventana ya que, al hacerlo, el agua se introducirá entre las lamas y resbalará por la cara interior que, si has limpiado primero, corres el riesgo de que se vuelva a manchar. No olvides que la parte exterior de la ventana es la cara que da a la calle y, por tanto, la que puede acumular más suciedad.

Si vives en una planta baja o un chatet, con fácil acceso desde el exterior, te resultará muy sencillo: sólo tendrás que bajar la persiana y limpiarla desde fuera. Comienza a limpiar la persiana de arriba hacia abajo, para evitar que las partes que has limitado ya vuelvan a ensuciarse. Ten cuidado de no desplazar demasiado las lamas hacia la izquierda o hacia la derecha, al frotar con el cepillo: si tienen holgura, podrían quedar desplazadas unas respecto de otras y provocar tirones o ruidos molestos al subir o bajarla después. Una vez que has terminado, seca las lamas con un trapo de algodón o de microfibra para eliminar los restos de agua.

Por el contrario, si vives en un edificio a una determinada altura, sea cual sea, es importante que minimices riesgos, por lo que, antes de nada, cierra la ventana. A continuación, baja por completo la persiana. Como has abierto la tapa del cajón de la persiana, accede a esta parte con la ayuda de la escalera. Verás que se encuentra el eje que sujeta, por medio de dos componentes, denominados flejes a la lama de persiana.

 

Limpieza de persianas

Para limpiar la cara exterior de persianas situadas en altura, la mejor manera es acceder a ellas, desde el cajón de la persiana.

Sube un poco la persiana hacia arriba con la ayuda de la cinta. Si tu persiana es eléctrica y tienes un mando a distancia, podrás accionarla cómodamente con el mismo, y limpiar la persiana de un modo más rápido y sencillo. Al subirla, la persiana se va enrollando sobre el eje de modo que queda visible la cara exterior de la misma. Limpia las lamas que abarques con el primer recorrido y, cuando termines, vuelve a subir un poco más la persiana Repite esta misma operación las veces necesarias hasta llegar al final.

3. La cara interior de la persiana es la parte más sencilla de limpiar, es la interior. Para ello, basta con que bajes por completo la persiana y abras las hojas de la ventana, en caso de que sean abatibles, o quites las hojas, si son correderas. En este último caso, basta con sujetar la hoja desde abajo y tirar de ella hacia arriba, inclinando hacia ti ligeramente la parte inferior. Después limpia la persiana, tal y como te hemos indicado en el paso anterior.

4. Sólo te queda limpiar las guías y el cerco de la ventana. El proceso es igual que antes, si bien, en estos dos casos, sobre todo en el caso de las ventanas y puertas de hojas correderas, te puede ser muy útil utilizar una pistola de limpieza a vapor. De este modo, conseguirás arrancar de un modo fácil y rápido la suciedad que haya podido quedar acumulada.

Limpieza de persianas

Los vaporizadores con agua a presión agilizan la tarea de limpieza, arrancado con facilidad la suciedad y consiguiendo un mejor resultado.

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